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Correspondencia y sermones.

Se conservan al día de hoy más de 400 cartas de Santa Hildegarda escritas a terceras personas. De las cuales unas pocas aún no se han publicado. Parece increíble la actividad epistolar de esta abadesa del siglo XII. En plena Edad-Media esta mujer no solo sacaba tiempo para escribir libros sobre visiones, llevar un convento y rezar. Sino que se carteo con las personas más poderosas de la época. Tiene cartas escritas a Papas, a reyes, emperadores, a monjes y obispos. La influencia de esta mujer sobre aquella época debió de ser grande. Ahí están sus cartas para certificarlo.

 

Correspondencia de Santa Hildegarda

Los destinarios de las cartas de Hildegard von Bingen era gente conocida. Aunque también había gente que no lo fue tanto. Se encuentra cartas a los 4 Papas que estuvieron gobernando la Iglesia cuando ella era abadesa. Estos fueron Eugenio III, Anastasio IV, Adrian IV y Alejandro III. Pero hay también cartas dirigidas a dos emperadores del Sacro Imperio germánico. Tuvieron el privilegio de cartearse con esta Santa los emperadores Conrad III y Federico I (Barbarosa). A este último que apoyó un Papá hereje, le dijo que si no cambiaba de vida iba a acabar mal. Y efectivamente el hombre no cambió y acabó con una muerte no deseada tal y como narra la historia. También se carteo con obispos de Bamberg, Espira, Worms, Constanza, Lieja, Praga, y el de Jerusalén. Pero también con números prelados y con otro influyente monje de su época. Con San Bernardo de Claraval en Francia.

 

Cartas de Santa Hildegarda

La correspondencia con San Bernardo de Claraval, fue vital para el desarrollo posterior de toda su obra. Nuestra abadesa empieza a tener visiones y entonces le vienen dudas a la cabeza. ¿Será esto que estoy viendo y escuchando conforme a las enseñanzas de la Iglesia? En aquella época se tenía mucho miedo a decir herejías. Y entonces una de sus primeras cartas fue para San Bernardo. En ella le mandó el comenzó de su primer libro el Scivias. La respuesta de este monje francés fue clara. Todo le parecía conforme a la doctrina de la Iglesia. Incluso este se hizo el valedor ante un papa para enseñarle los escritos de Santa Hildegarda. Al Papá también le encantaron los escritos. A partir de ese instante con el reconocimiento de San Bernardo y del Papa, los caminos de Santa Hildegarda de Bingen se allanaron. Y todas sus dudas se despejaron de golpe.

 

Correspondencia Santa Hildegarda de Bingen

El contenido de sus cartas es variado. En todo caso Santa Hildegarda rechaza plegarse a las reglas del poder. Y manifiesta una libertad de expresión, que sólo la fe puede justificar. De esta manera sobrepasa todos los límites permitidos a las mujeres de su tiempo. Amonesta a los clérigos y rechaza su vivir tranquilo y su pasividad. Y no duda defender el Evangelio frente a toda persona que intenta menoscabarlo. En sus cartas usa un tono vehemente para defender la Verdad ante cualquier sombra que la pueda ocultar. Es una luchadora incansable por llevar el evangelio a todos los rincones.

 

Santa Hildegarda cartas

Esta abadesa no sólo critica a los sacerdotes por su actuar desordenado. Sino que en muchas ocasiones les infunde ánimos. Tal y como podemos leer en el fragmento de esta carta. “Aunque Dios permite que el rico posea riquezas y pueda sostener al pobre, sin embargo, es la imagen del pobre la que es Su imagen, la que él ama. ¡Dichoso el hombre al que Dios concibió como tabernáculo de su sabiduría! Hasta el fin de su vida, gracias a los santos deseos, a las buenas a su hambre de justicia, crece sin cesar de renovación en renovación por la gracia de Dios.”

Correspondencia y sermones.

No todas las cartas de Hildegarda han sido publicadas de las más de 400 que se conservan. Se encuentra en su correspondencia cartas a los Papas Eugenio III, Anastasio IV, Adrian IV y Alejandro III, a los emperadores Conrad III y Federico I (Barbarosa), a los obispos de Bamberg, Espira, Worms, Constanza, Lieja, Praga, al de Jerusalén y a varios prelados, sacerdotes, teólogos y abades de Germania, Francia e Italia. Hay también numerosas respuestas de estos personajes que se conservan en el monasterio de Rupertsberg.

En cuantos a sus “sermones” o predicaciones, que Hildegarda pronuncia en sus 4 viajes misioneros, fueron puestos por escrito a petición de los que la escuchaban. En un estilo directo y sin medias tintas muchas veces se dirigía al clero para llamarles la atención. Así a modo de ejemplo este es una predicación destinada al clero de Colonia:

“Deberías rumiar la justicia de Dios (…) presentándola al pueblo en el momento oportuno y no imponiéndola con violencia. Pero a causa de la obstinación de vuestra propia voluntad, no lo hacéis (…) os escondéis como culebras desnudas en vuestras cavernas (…) Perdéis el tiempo en niñerías (…) Estáis ciegos, ¡ya que vuestras obras no brillan delante de los hombres con el fuego del Espíritu Santo (…) Toda la sabiduría que habéis escrutado en las Escrituras se encuentra escondida en el pozo de vuestra propia voluntad! Todo lo que sabéis, lo que tocáis y padecéis, ¡lo sepultáis en la satisfacción de vuestros deseos y engordáis de carne como niños que no saben lo que hacen! ¡Deberías ser el día y sois la noche!

La voluminosa correspondencia de Hildegarda conservada hasta nuestros días, nos da testimonio de su honestidad intrépida, fruto de su preocupación por la salvación de las almas y de la Iglesia. La fama que tenía de Santa era la fuente de su influencia que tenía en su tiempo en los debates religioso y políticos.

En el siglo XII, para una religiosa que se supone que tenía que quedarse enclaustrada, sus viajes misioneros y sus predicaciones en público, son cuanto menos curiosos. Sin embargo Hildegarda no es una revolucionaria, simplemente está enamorada de Dios, de la Iglesia y de las almas.

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