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Obra musical de Santa Hildegarda

 

Según Hildegarda, la música es la forma más elevada de la actividad humana ya que dice de ella que es “el espejo de la harmonía de las esferas celestes y de los coros angélicos” En el Scivias dice que: “El alma es sinfónica; de igual manera que la palabra designa el cuerpo, la sinfonía manifiesta el espíritu, ya que la harmonía celeste anuncia la Divinidad igual que la palabra anuncia la humanidad del hijo.”

Para Hildegarda la música sagrada establece una sutil correspondencia entre la Palabra y el alma, ya que pone a la persona en sintonía con el misterio que canta, desvelando de este modo la riqueza espiritual de las verdades probadas.

Hildegarda compuso numerosas obras litúrgicas recogidas en la “Symphonia harmoniae celestium revelationum”(Sinfonía de la harmonía de las revelaciones celestes) que reagrupan 77 cantos, destinados a ser cantados por las hermanas en la ceremonias litúrgicas.

 

Pero la obra más celebre de Hildegarda tiene una relación con el libro de “Los méritos de la vida” y se llama el “Ordo Virtutum” (El juego de la virtud) y que está compuesto de 82 melodías en las que Hildegarda pone en escena las luchas del alma entre el demonio y las virtudes. El alma humana y 16 virtudes cantan melodías monofónicas, mientras que el diablo sin cantar ya que la voz masculina intenta romper la harmonía de las voces femeninas.

Existen dos fuentes principales manuscritas de la música de Hildegarda: El “Dendermonde Codex” conservado en Bélgica y el “Riesencodex” conservados en Wiesbaden.