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Las quemaduras. Capítulo VI parte II

Nos adentramos poco a poco en los capítulos donde se tratan enfermedades o dolencias específicas del libro “Así es como Dios cura” del Doctor Hertzka. En esta capítulo VI que hemos dividido en dos parte, el Doctor, nos describe el remedio dado por Santa Hildegarda para las quemaduras. Esta es la segunda parte del capítulo VI del libro. 

Recordar que para entender bien estos capítulos específicos, habría que leerse primero los capítulos introductorios generales y que encontraréis en las pestaña de “blog”, arriba en el menú principal, en la subcategoría “Dr. Hertzka”.

Las quemaduras. Capítulo VI parte II

Debo aún añadir dos puntos al tema de las quemaduras:

1.Todas las quemaduras extensas e importantes deben ser objeto de un tratamiento médico.

2. Si la carne destruida es quitada y ya sólo queda una herida cutánea normal, se deja de lado las compresas de agua de lino y se toma para acabar la curación, los remedios habituales para las quemaduras (es decir las pomadas). Ya que, si se utiliza durante demasiado tiempo estas compresas, se produce entonces un crecimiento desordenado de nueva carne con lo que el cuerpo tiene dificultad en recubrir la herida con nueva piel. Este hecho podría interesar la búsqueda científica médica ya que la esencia del efecto del lino nos muestra claramente que se manifiesta mediante una formación de granulación. Le específico en la herida de quemadura es la lesión de las capas vascularizadas y profundas de la piel. Una vez que se han restablecido las funciones de la piel ya sólo subsiste una herida similar a las demás enfermedades de la epidermis.

Curiosamente y sin que puede decir que relación tiene esto con el tratamiento de las quemaduras, las mismas compresas de agua caliente de lino ayudan también en los dolores que se sienten en los laterales del cuerpo. No es necesario que un órgano este malo para que el lado derecho o el lado izquierdo del tórax o de los riñones nos duela. Estas compresas de agua de lino caliente nos liberan de estos dolores rápidamente y eficazmente. El dolor comienza por ser ligero y acaba por desaparecer totalmente, aunque este sea intenso.

Si se quisiese aquí investigar mediante exámenes radiológicos u otros métodos de diagnóstico, la mayoría de las veces no se encontraría nada. El dolor de costado es simplemente un dolor sin que sea debido a ninguna carencia y sin que ninguna otra parte del cuerpo le haga daño. El que lo padece se da cuenta de esto. ¿Qué es lo que debe hacer?

¿Debe ir a consultar un médico que no encontrará rastro alguno del dolor en la lista oficial de las enfermedades? ¿O será consolado por un remedio ficticio (llamado por la antigua escuela de Viena “Ut aliquid fit) en la cual se dará una situación incómoda entre el paciente y el médico? ¿O quizás el médico simplemente prescribirá un calmante para el dolor? Quizás también el médico diligente empezará una búsqueda hasta que crea haber encontrado algo en el caso en que el paciente acepte un diagnóstico más preciso. O finalmente, después de dar vueltas sin sentido, puede que el paciente vaya en último lugar a un curandero que no esté ligado a un diagnóstico claro.

Todo esto puede ser evitado, si se sabe que hay dolores locales, que la enfermedad solo es tener esos dolores y si se conoce el remedio apropiado contra esa enfermedad. Dichoso el médico de familia que sabe que hay dolores que no tienen que ver con ninguna enfermedad. Y esto no me parece el menor de los saberes de un médico que el descubrir rápido y seguramente si el caso es relativamente simple o no lo es. Naturalmente un dolor puede esconder otra enfermedad, pero no necesariamente. En esto los métodos de medicina natural están de acuerdo.

El tratamiento suave de la piel en caso de quemaduras es también conocido en los métodos más modernos de tratamiento. Sobre este tema, la literatura al respecto es abundante; no corresponde aún exactamente a lo que Hildegarda dice, pero se acerca a ella cada día más.

Otro tratamiento satisfactorio de las quemaduras de la piel, son las compresas de milenrama cocida y caliente. Fue una de mis primeras y más satisfactorias experiencias en la aplicación de la medicina de Hildegarda.

Durante la última guerra mundial, en un campo ruso, en el que los medicamentos y las vendas estaban restringidos, pude obtener por este procedimiento la curación de heridas de forma más rápida que los métodos corrientes que había en Alemania. Pienso que la medicina moderna no debería tener vergüenza de descubrir los métodos de Hildegarda. Hoy en día, se atribuyen grandes cantidades de dinero para verificar las recomendaciones hechas por antiguas prescripciones médicas. Pero aquí no es un autor cualquiera de la historia de la medicina objeto de debate, ya que lo que es tratado aquí es la medicina de Dios.