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El amor del mundo

Este es el primer vicio del que habla Santa Hildegarda en su libro «De los méritos de la vida» y que será contestado en la siguiente entrada por la virtud del amor del cielo.

En el libro antes mencionado Santa Hildegarda recoge 35 vicios y virtudes que van a ser poco a poco introducidas en este blog. 

Primero Santa Hildegarda describe la alegoría y luego hace que el vicio hable para que lo podamos conocer mejor y así  se pueda vencer mejor. 

 

La primera alegoría tenía aspecto humano y la negrura de un etíope. De pie y desnuda, tenía sus brazos y piernas alrededor de un tronco de árbol, sobre el cual crecían toda clase de flores diferentes. Con sus manos cogió las flores y dijo:

 

“Son míos todos los reinos del mundo con sus flores y ornamentos. ¿Por qué debería yo marchitarme cuándo tengo toda esta fuerza vital en mis manos? ¿Por qué debería yo vivir como en la vejez cuándo estoy en la plena verdor de mi juventud? ¿Por qué debería usar mi vista bonita como si estuviese ciega? Me avergonzaría si hiciese tal cosa. Mientras pueda disfrutar de la belleza de este mundo, quiero hacerlo. No conozco la otra vida sobre la que escucho que se hablan fábulas que no significan nada para mi”.

Apenas terminó de hablar, el árbol se secó hasta la raíz y se precipitó en las tinieblas; y esta alegoría también se cayó con él.