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«Así es como Dios cura.» Dr. Hertzka Capítulo IV

Con este cuarto capítulo del libro del Dr. Hertzka «Así es como Dios cura.», se acaban los capítulos generales. Los siguientes capítulos serán dedicados por el doctor a enfermedades en concreto con sus correspondientes remedios. En este capítulo, el Dr. Hertzka nos dice que su libro fue pionero en la medicina hildegardiana. Antes de este libro no había ningún doctor que se hubiese interesado a esta medicina. Este capítulo es también un chute de ánimo para los médicos que se quieran incorporar a esta incipiente medicina natural. 

Para los lectores que se incorporen en este capítulo, decirles que para entenderlo mejor, podrán encontrar los capítulos anteriores en la sección de la página principal dedicada a la publicación de estas entradas, o en la pestaña de «blog», en el menú principal.  

 

Capítulo IV. La medicina de Santa Hildegarda.

No hay que extrañarse de la sobriedad objetiva de mi libro, ya que la medicina es un hecho objetivo. De la misma manera que la medicina de Santa Hildegarda puede parecer a veces un poco chocante.

Sobre la conducta irreprochable de esta santa se han manifestado sospechas indignas, relacionadas con el hecho de que presenta datos sorprendentes sobre la relaciones sexuales de los hombres y de los animales. Si su medicina es de Dios, esto no es de extrañar. Dios conoce la creación y la naturaleza de todas sus criaturas con precisión. Así, los libros de Hildegarda exponen los hechos de forma precisa y con un rigor extremo para que nuestro intelecto endurecido por la época en la que vivimos, lo pueda entender. De ello se deriva, que no hay ningún problema en traducir la medicina hildegardiana al lenguaje de nuestro tiempo. Lo que los lectores encuentran en las páginas siguientes, corresponde a una edición moderna de las recetas originales de Hildegarda, que como todos sus libros han sido dictados por ella en latín y puesto por escrito en esa lengua.

Solo en algunos pasajes poco numerosos, he citado el texto original en una traducción libre, y de alguna forma adaptado a nuestro tiempo. Sin embargo, todas las instrucciones médicas y sobre todo todas sus recetas, se ajustan rigurosamente a las prescripciones de Hildegarda. Esto valía la pena “ya que fueron dictadas por el Espíritu Santo”. En un lugar más apropiado, advierto de la misma manera al lector de forma expresa, que debe seguir exactamente las indicaciones contenidas en el texto incluso cuando parece que son detalles aparentemente accesorios, tal y como yo mismo lo he aprendido a lo largo de los años. Ya que bien que mi primer encuentro hace 40 años con los textos médicos de Hildegarda, haya sido un flechazo, he necesitado un tiempo largo para acostumbrarme a tomar suficientemente en serio cada palabra de esta mística. Estamos contentos de estar en posesión de un texto, que en gran medida ha escapado a cualquier falsificación. De hecho, en la elección que he efectuado aquí de 50 recetas he escogido pasajes que no tienen ningún problema de autenticidad, por lo que aquí las observaciones concernientes a la crítica del texto no tienen cabida en estos casos.

En este libro, el primero que haya sido consagrado a la medicina hildegardiana aplicada a la práctica médica, mi tarea principal ha sido facilitar al lector la comprensión de los textos del siglo XII. Por lo que de esta forma he penetrado en un campo nuevo para los médicos, como para los pacientes y los farmacéuticos. Por desgracia para los sabios que dudan por profesión, en el origen divino de la medicina hildegardiana, se ha tenido que constatar que ninguna de las ordenanzas de Hildegarda, cuyo número es superior a 2000, no se ha encontrado anteriormente en la tradición médica popular. En todos los lugares donde se han llevado estudios comparativos, el resultado ha sido siempre el mismo: Hildegarda no ha conseguido su saber de los árabes, cuya medicina estaba penetrando en Europa por aquella época.  Esto concierne las enseñanzas de Hildegarda tanto en su contenido como en su estructura. Otra cosa diferente es el lenguaje que ella usa. La forma en la que Hildegarda se expresa en su manual de medicina está marcado por el lenguaje de su época de la misma forma que he escrito este libro en el lenguaje de mis lectores.

La medicina de Hildegarda no comenzará realmente a ser conocida del gran público hasta que salga la publicación de este libro. Las dos obras de medicina dictadas por Hildegarda eran hasta ahora totalmente ignoradas, ya que tenían una existencia histórica muy imprecisa. La medicina hildegardiana consiste pues en lo siguiente: hacer que se vuelvan utilizables los consejos y recetas de Hildegarda en nuestro tiempo. El que se emplea seriamente a ello puede entonces llamarse un médico hildegardiano. Me puedo imaginar que los años venideros exigirán mucho más de un médico hildegardiano, que a los de hoy en día, ya que no sólo se tratará de desarrollar un trabajo de pionero, pero también de poseer un conocimiento práctico sin que pueda descuidarse ningún detalle. Ha de transcurrir aún mucho tiempo hasta que sean explotadas todos los matices contenidos en las obras de Hildegarda, y me refiero tanto a sus obras teológicas como a sus obras medicinales.

La piedra angular de la medicina Hildegardiana es su origen divino. Toda tentativa de atribuir a Hildegarda el título de médico, de llamarle por ejemplo doctora o naturista está destinada al fracaso. Hipócrates, el ancestro de los médicos hacía remontar su profesión a “ancestros divinos” Era una concepción griega. Atribuir la medicina Hildegardiana al mismo Dios vivo, en el sentido de un carisma concedido por Dios, es seguramente una legítima búsqueda cristiana.

Si al final de cada capítulo no hay mención alguna, es debido a que los métodos de sanación citados están extraídos del “libro de las plantas” de Hildegarda. Su segundo libro de medicina, lo llamaba el “manual”.