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«Así es como Dios cura.» Dr. Hertzka Capítulo V. Parte II.

En esta segunda parte del capítulo V del libro «Así es como Dios Cura.» del Dr. Hertzka, en el que se nos habla de la medicina de Santa Hildegarda, se acaba el capítulo de los abscesos, segunda parte en la cual el Doctor acaba con un breve e interesante comentario sobre la piel en general. 

Es muy recomendable leer antes los artículos ya publicados en este blog para poder entender  bien esta entrada. Se podrán consultar en la pestaña de blog en el menú principal en donde aparece Dr. Hertzka.

 

Los abscesos. Capítulo V. Parte II

Insisto en que no es el agua sino la misma verbena la que hay que aplicar sobre el absceso. No por contacto directo, pero cubriendo primero el lugar de la piel con un tejido fino de lino. A pesar de que siempre doy las mismas explicaciones, muchas veces se actúa de una forma que no es la adecuada; entonces nadie tiene que sorprenderse de que el resultado se deje esperar. Esto es lo que veremos constantemente en estos nuevos tratamientos naturales. En cuanto uno se aleja de la prescripción original se altera el resultado deseado. Es de lo que he tenido a menudo que convencerme con un sentido crítico. La suma de mis experiencias de médico, debería bastar a los lectores para preservarlos de daños superfluos. Si se observa con exactitud el tratamiento con verbena, lo puede uno usar para luchar con éxito contra las siguientes infecciones cutáneas:

– Paroniquia es la infección de la piel que rodea a las uñas de los dedos en pies o mano

– ántrax, que son los abscesos molestos del cuello y de la espalda

– los abscesos de las glándulas sudoríparas en las axilas

– los abscesos en los senos (por un bloqueo de la leche)

– los abscesos en la piel de la pierna y los derrames de sangre con pus debido a accidentes

– las supuraciones crónicas de heridas

– para curar completamente las cavidades de los abscesos después de la apertura con el bisturí.

He tratado con éxito, a través de la verbena, los furúnculos de la nariz, del conducto auricular y del labio superior; no obstante estos casos requieren siempre el control de un médico. Sólo el puede decidir si es necesario y cuando hay que recurrir a la penicilina o a una pomada; él solo puede determinar cuánto tiempo aún se debe guardar un reposo absoluto, guardar cama, abstenerse de trabajar, en definitiva, solo él puede tomar decisiones análogas en las cuales se requiere de mano derecha. Sin embargo si desde el principio echamos mano de las compresas de verbena de forma sistemática, todos los focos recientes de pus o de inflamación desaparecen completamente, para alivio de todos.

No se trata de extirpar los bacilos, las bacterias y los agentes de la enfermedad. La piel del hombre está viva, no es como hierro que se oxida. Si la piel se pone enferma es la piel la que hay que sanar y por supuesto con los medios que son adecuados para la piel. El “tratamiento de la piel” tiene un rol importante en todo el sistema de remedios de Hildegarda. De una forma análoga pero de manera completamente diferente a como es tratada por Kneipp (Que era un sacerdote y curandero que inventó un método de hidroterapia), muchos tratamientos de Hildegarda actúan “sobre la piel”, por ejemplo mediante fricciones, baños y escarificaciones.  Por estos métodos nombrados son tratados más bien males internos en vez de afecciones cutáneas.

El tratamiento de las enfermedades de la piel tiene un grado de dificultad importante no sólo para los especialistas clínicos, pero también para el médico hildegardiano, a pesar de que la medicina de Hildegarda cita un gran número de remedios para este tipo de enfermedades. ¿Y de qué forma son nombradas por ella? Es un pena que no podamos aún traducir en el lenguaje de la medicina moderna, las expresiones medio-alemanas, medio-latinas, que Hildegarda utiliza para las afecciones cutáneas.