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«Así es como Dios cura.» Capítulo II.

En este segundo capítulo del libro del Dr. Hertzka «Así es como Dios cura.», el doctor nos revela porque privilegiar antes una medicina natural como es la de Santa Hildegarda antes de probar la medicina convencional. Este capítulo es en realidad básico para entender lo que es la medicina de Santa Hildegarda. Es también un poco filosófico. 

Ya se ha colocado en este blog, cuatro entradas de la introducción de este libro, y el capítulo primero. Aunque este capítulo se puede leer sólo por si mismo, es recomendable leerse las entradas anteriores para entenderlo de forma completa. 

 

Capítulo II. La naturaleza.

Par comprender mejor la medicina natural, me parece útil de insertar aquí un breve capítulo consagrado a la naturaleza. Le pequeño Larousse ilustrado define la naturaleza como: la realidad física que existe independientemente del hombre (por oposición a la cultura que es el conjunto de los caracteres fundamentales propios a un ser o a una cosa).

Un autor moderno, E. Sievers en su libro “La naturaleza como camino” (Natur als Weg), publicado en Coloña en 1966, escribió lo siguiente: “el número de los que consideran como su propia tarea el contemplar el universo, la naturaleza, el hombre, como lo que son, es decir un todo, es extremadamente restringido…”

Si decimos que el conjunto del mundo es la naturaleza, si descontamos la obra de los hombres, entonces nos acercamos ciertamente a la noción de naturaleza. Deberíamos hacer abstracción del hombre, de sus obras y de su actividad, y quedaría la naturaleza pura, la entidad naturaleza, el cosmos. ¿Una medicina natural estaría en neta oposición con la medicina “hecha por los hombres”? ¿Aquí estaría la obra de la naturaleza y ahí estaría la obra del hombre? Yo no querría ser tan radical.

Mi propósito es un poco diferente: natural quiere decir único, incomparable. ¿Como se debe entender esto? Si tengo un peral y un manzano, cada uno de esos árboles frutales es único en si y puedo distinguir la pera de la manzana y de una manera general de todo lo que les sería comparable.

La naturaleza está compuesta de esas particularidades. El sol es particular, como lo es la rosa y el tulipán, el cabrito y el elefante, el mar, la lluvia y las cosas naturales dando igual que nombre que lleven. La rosa sigue siendo una rosa, el tulipán sigue siendo un tulipán, al igual que la lluvia sigue siendo lluvia, al igual que un hombre es un hombre y no es un mono. Tener en cuenta estos datos de la naturaleza, esto se llama pensar según la naturaleza.

La dificultad consiste simplemente en aprehender exactamente lo esencial, la esencia de las cosas naturales. Ya que eso es su naturaleza. Así hay una naturaleza de la rosa, y una naturaleza del tulipán, una naturaleza del hombre y una naturaleza del mono, y su naturaleza consiste precisamente en los que se diferencian, en lo que se parecen y en lo que son iguales. Los hombres pueden también descubrirlo; pero en el intento, han abandonado el sistema natural y han hecho una obra humana, que no es natural. En ese sentido, la naturaleza y la experimentación me parecen ser contradictorios. Ahí donde empieza la experimentación y por lo tanto el hombre, la naturaleza se acaba.

Si aplicamos este discernimiento a la medicina, hay que constatar de forma evidente que nuestra medicina moderna es casi exclusivamente una medicina experimental. No hace derecho a la esencia del hombre, a su unicidad. Hoy, muchos hombres sienten esto mismo, y se vuelven hacía la medicina natural. En realidad, en este sector se hacen muchos experimentos. Sin embargo, habrá que esperar mucho tiempo, antes de que reconozcamos, que la Naturaleza ya ha hecho todos los experimentos posibles… En todo caso la Naturaleza nos obliga e incluso nos fuerza a nutrir en nuestros días, una desconfianza hacía la multiplicación desenfrenada de las experiencias. En este sentido puede ser completamente consolador que mis nuevos remedios naturales, no hayan necesitado ninguna experimentación para ser lo que son. Esta medicina funciona por lo tanto sin experimentación, lo que no quiere decir sin experiencia. Tal y como veo la vida a mis 60 años, también he adquirido una experiencia ya que está en la naturaleza del hombre el hacer experiencias. Y habiéndome hecho sensato por las experiencias anteriores, me he vuelta hacía la naturaleza.

A fin de cuentas, debido a sus estudios generales centrados más particularmente en la naturaleza humana, el médico parecer ser el más indicado, por lo tanto, para ser el abogado de los intereses de la naturaleza. Por lo que no considero imposible ir hasta el fondo de las cosas, tal cual son, sin que se disuelvan en las diferentes partes, de las que se constituyen. Este libro contiene también una buena parte de filosofía. Esto no es extraño al carácter y a la función general del médico. El ilustre doctor Paralcesus (1493-1541), también decía que el médico debe ser un filósofo. De este modo no hacía más que expresar lo que ya escribía Hipócrates cuatro siglos antes de Jesucristo: “Un médico que es a la vez filósofo se parece a los dioses.” Lo que eran los Dioses para los griegos, los santos lo son en el cristianismo. ¿Y en nuestro tiempo? Hay sobre todo ídolos. Pero ya está despuntando una nueva época y las sacudidas que conocemos son los dolores del parto. Podemos esperar que una medicina nueva encontrará un día el sitio normal que le pertenece.