TIENDA ONLINE

«Así es como Dios cura». Libro del Dr. Hertzka Capítulo III, Parte I

Seguimos con las entradas dedicadas al libro no traducido al español del Dr. Hertzka, «Así es como Dios cura». En este tercer capítulo que hemos dividido en dos, debido a su largura, el Doctor sigue ahondando en el concepto de lo que es la medicina natural. Nos deja unas cuantas perlas y sobre todo la reflexión final que da para reflexionar unos minutos sobre ella. 

Se recuerda a los lectores que se incorporan de nuevo, que antes de este capítulo, hay una introducción y dos capítulos anteriores, cuya lectura anterior es recomendada, para entender esta entrada. 

 

Capítulo III Parte I. El nuevo método médico.

La novedad reside esencialmente en los medicamentos y en los métodos de tratamiento hasta ahora desconocidos, y que ahora se han reconocido y admitido en la práctica. También se han aprovechado los tesoros que suponen, los pensamientos expresados por Santa Hildegarda.

Esta novedad reside igualmente en la convicción, confirmada por Hildegarda, y que tenía mi compatriota e ilustre médico, Theophrastus Paracelse, cuando escribía que todas las enfermedades pueden llegar a curarse, ya que dice: “… que Dios no ha podido que se desarrolle una enfermedad, sin que haya al mismo tiempo mostrado el remedio…” Deberíamos sólo buscar. ¡Yo he buscado y he encontrado a Hildegarda!

Según el libro de medicina de Hildegarda, la enfermedad que es más difícil de curar no es el cáncer, pero la migraña, así como el asma. Curación quiere decir aquí, supresión perfecta y radical de la enfermedad y no la represión de los mecanismos parciales y de síntomas varios. El grandioso edificio de pensamiento que constituyen la medicina de Hildegarda, me ha impedido de momento hacerme con la llave de su conocimiento último. Las generaciones venideras tendrán más facilidad para explotar su saber. En lo que a mi me atañe, estoy contento del enriquecimiento considerable del que se ha podido beneficiar mi ciencia médica, gracias a la medicina de Hildegarda, y que ya no puedo guardar para mi.

Lo que me parece nuevo es la desmitificación de la medicina por Hildegarda, que era una mística. Es una medicina para cada uno de nosotros. En principio no presupone conocimientos teóricos que tarde o temprano, estarán de nuevo desfasados. Así con Hildegarda, todo hombre que piensa razonablemente, puede prácticamente convertirse en su propio médico. El médico sólo se distingue del paciente por el hecho que este tiene que ocuparse de numerosas enfermedades, mientras que el paciente debe prácticamente conocer solo la suya propia. También es tarea del médico el penetrar en las relaciones secretas entre las enfermedades que proceden de una sola raíz. Mientras el curso de la enfermedad no se ha complicado debido a un tratamiento no natural, hay posibilidades de establecer directamente un árbol genealógico de la enfermedad. Muchos hombres ya sospechan esto instintivamente y van en busca del tratamiento natural. Pero natural significa adaptado a la naturaleza humana. Y como no conocemos la naturaleza humana, debemos pedir consejo al que nos conoce bien: a Dios. Aquí es donde Santa Hildegarda viene prontamente a nuestra ayuda. Nos ofrece una reducción del saber médico a una escala humana. Se honora a la medicina humanizándola, llevándola a medida humana.

He dividido mi libro en 25 capítulos. Antes de empezar a leer, echadle un vistazo al índice hasta que encontréis el capítulo que corresponda a vuestra enfermedad. No es necesario que leáis el libro de forma seguida. Por ejemplo, al leer el capítulo sobre el absceso, a uno le puede parecer superfluo, a otro le podrá chocar, mientras que a otros lectores sin embargo, encontrarán un alivio real al leerlo y una información preciosa en él.

Además, lo que cuenta es el espíritu de conjunto. Por eso y a pesar de lo que os dicho, leed el libro entero y no vayáis a buscar solo vuestras enfermedades o la de vuestros allegados. Aprenderéis así a conocer un sistema natural de medicina y tomaréis el camino que os haga ser, seres humanos naturales. En efecto, más allá de nuestro pensamiento, es nuestra propia posición hacía la medicina, lo que determina nuestra forma personal de ser hombre.