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«Así es como Dios cura.» Dr. Hertzka Capítulo III Parte II

Sigue el Dr. Hertzka en esta nueva entrada de su libro: «Así es como Dios Cura.» con su gran clarividencia, hablándonos acerca de la medicina natural y de la relación que debemos tener hacía ella los hombres. He puesto en un tamaño más grande una párrafo que me parece clave, en el que se habla de cómo la medicina natural, nos lleva a apreciar mejor la obra creadora y por ende, al mismo Creador, es decir a Dios. 

Para leer esta segunda parte del capítulo III, se recomienda vivamente haber leído la primera parte de este capítulo, así como los anteriores capítulos y la introducción al libro.

 

Capítulo III parte II

Los nuevos remedios naturales que son citados en las siguientes páginas pertenecen la mayor parte de ellos, a ese tipo de enfermedades, que el médico podría tratar tanto de forma natural, como de forma experimental (Medicina Moderna) ¿De la misma forma?

¿Entonces por qué voy a dar una preferencia al tratamiento natural? No tendría que explicar esto a un paciente que desde un principio está ligado a la naturaleza. Si lo tuviese que explicar lo expresaría así: «para que cada uno pueda convertirse en un hombre de verdad.» Y para ello, este objetivo no se puede alcanzar sin la ayuda de la naturaleza.  De este modo, a través de cada mal o enfermedad, se nos ofrece la ocasión de escoger el camino que conduce a ella. No para efectuar una vuelta a la naturaleza, sino para ir hacía adelante con la naturaleza, y para ir hacía el “Conócete a ti mismo” de Sócrates. Por eso el camino que lleva a la perdición se aleja de la naturaleza. Ya que la naturaleza es el Reino de Dios. Solo es a través de ella y nunca contra ella, que podréis ser plenamente felices, y estar agradecidos de ser una criatura única de Dios.

El tratamiento natural no es la primera sino la última etapa de la medicina. Solo de esta forma podéis llegar al término de vuestra vida en plena posesión de vuestra fuerza mental. No os prometo la inmortalidad a través del tratamiento natural de Hildegarda, pero una plenitud de vida, para que podáis un día “ya mayores y satisfecho con la vida”, hacer en plena libertad, incluso de una forma bella, el gran salto a ese estado duradero del más allá.  Esto necesita también es verdad, renunciar a cosas, como por ejemplo a los estupefacientes y a las drogas, a los cuales está aparentado junto con el tabaco y los licores, poniendo a parte el vino, la ingesta habitual de ese veneno tan apreciado como es el café. El café no debería ser consumido más que por consejo médico y rara vez. Además, debéis concebir de forma valiente una justa relación médico-paciente y deberías ver en el médico a un colega o a un hermano. Yo no sé como explicar hasta que punto esto es decisivo para vuestra curación.

Amad la vida natural y haced un buen uso de vuestros 5 sentidos. Tened alegría en andar y subir a las alturas, de nadar, de remar, de hacer vela, de pescar, de cultivar vuestro huerto etc. Creed en Dios, la quintaesencia de lo que es bueno, el Creador y el Señor de todo el orden natural.

Que la naturaleza sea amiga u hostil al hombre, eso depende en gran medida del propio hombre. El que pudiese pensar que la naturaleza solo ofrece al hombre remedios y ningún veneno, cometería una gran equivocación. Buscad el capítulo del “Menú de los enfermos”. La correcta relación con la naturaleza debe ser aprendida al igual que el arte de curar a los hombres o de curarse uno mismo. La naturaleza también suscita enfermedades y querría incluso afirmar que son las única y verdaderas enfermedades. Pero lo que muchas veces afecta al hombre y lo hace sufrir, son en buena parte las enfermedades artificiales, es decir las enfermedades que son causadas por la propia humanidad, como puede ser la tontería, la avidez, la maldad o cualquier otro motivo. Además hay que decir, que a quién la naturaleza ha sanado, no será tan fácil que sea a su vez una causa de enfermedad para otros.

Al final de cada capítulo, el lector es remitido al rico tesoro de ideas ofrecido por Hildegarda, con el fin de responder a las necesidades científicas y a los deseos de los investigadores del estudio de Hildegarda.